jueves, 9 de julio de 2009

GESTIÓN DEL ESTRÉS

En atención a la siguiente lectura responde ¿cómo gestionas tu estrés?




Podríamos definir el estrés como una respuesta adaptativa consistente en un conjunto de alteraciones (fisiológicas y psicológicas) que experimentamos ante situaciones de cambio para coadyudar a la , mejorar rendimiento y la supervivencia.. En otras palabras es la respuesta fisiológica y psicológica de un sujeto que busca adaptarse y reajustarse a presiones tanto internas como externas.

El estrés puede ser generado por aspectos emocionales o espirituales, demandas de carácter social y amenazas del entorno del sujeto que requieren de capacidad de adaptación y respuesta rápida frente a los problemas. Se consideran estresantes no sólo situaciones evaluadas como negativas (muerte de un ser querido, pérdida de trabajo, caer enfermos, etc.), sino también las que conducen a cambios positivos (promoción en el trabajo, contraer matrimonio, nacimiento de un hijo, etc.).
Lo que tienen en común ambos tipos de situaciones es que ponen en marcha los mismos mecanismos de respuesta, mecanismos en los que intervienen fundamentalmente el sistema cardiovascular, el sistema endocrino y el sistema nervioso vegetativo simpático. Algunas de las manifestaciones más comunes de dicha respuesta de estrés son la taquicardia, el aumento de la presión arterial y el aumento de la glucosa en sangre.
En todos los ámbitos de la vida, se generan tensiones y cuando alguien pretende eliminarlas por completo, es muy probable que lo único que consiga es estresarse aún más, por lo que lo inteligente y positivo es saber controlar las tensiones para canalizarlas luego de manera positiva.
En términos generales se puede hablar de dos tipos de estrés: estrés positivo o eustrés y estrés negativo o distrés.

el eustrés como un estado en el cual las respuestas de un
individuo ante las demandas externas están adaptadas a las normas fisiológicas del mismo.
El eustrés es la reacción ajustada en intensidad y duración al estímulo que la desencadena que permite afrontar con mayor grado de eficiencia cualquier situación de exigencia, peligro o novedad, lo cual permite resolver de manera objetiva las dificultades que se presentan en la vida y de esta forma desarrollar capacidades y destrezas.

El riesgo existe cuando mantenemos esta activación o situación de alarma corporal y mental, una vez que ha pasado el estímulo que la desencadenó, o cuando las demandas del medio son excesivas, intensas y/o prolongadas, y superan la capacidad de resistencia y de adaptación del organismo, en cuyos casos se habla de distrés.
El distrés es considerado patológico ya que puede terminar en serios trastornos físicos y psicológicos (úlceras, migrañas, dolores severos de espalda, abuso de sustancias, pérdida de memoria, trastornos del sueño, depresión, miedos fóbicos, agresividad, etc.).
El balance entre cómo evaluamos las demandas (del entorno y de nuestro propio cuerpo) y cómo pensamos que podemos hacerlas frente es lo que determina que nos sintamos estresados o no y el grado en el que lo hacemos. Por otro lado, el que ante situaciones parecidas unas personas se sientan estresadas (de forma continuada, distrés) y otras no dependen de nuestros patrones de comportamiento, creencias, experiencias, nivel de energía que tengamos en ese momento, etc.
Es adecuado y además inevitable que en la sociedad en la que estamos haya cierto nivel de estrés. De hecho, el desempeño y productividad de una persona aumenta con cierto grado de estrés. Sin embargo, se observa una tendencia creciente a que sea el distrés y no el eustrés el que forma cada vez más parte de nuestras vidas.
El estrés desde que aparece hasta que alcanza su máximo efecto va pasando por una serie de etapas, durante las cuales se puede detener la acción que este trastorno genera o permitir que este se desarrolle plenamente hasta llegar a las últimas consecuencias.
Melgosa (1999), explica que el estrés pasa por tres etapas:
1. Fase de Alarma
2. Fase de resistencia
3. Fase de agotamiento
Según Melgosa (1999), la fase de alarma constituye el aviso claro de la presencia de un agente estresor la cual es seguida por la fase de resistencia cuando la presencia del estrés supera la primera. Una vez percibida la situación que genera estrés, los sujetos pueden enfrentarla y resolverla satisfactoriamente y el estrés no llega a concretarse; pero cuando se realiza lo contrario la fase de alarma se prolonga disminuyendo su capacidad de respuesta y la persona acaba por llegar a la fase de agotamiento, en la cual se produce una disminución progresiva en el organismo, la cual conduce a un estado de deterioro que se caracteriza por la presencia de fatiga, ansiedad y depresión, síntomas que pueden aparecer de manera simultánea o individual.
Los principales efectos negativos del estrés son:
1. Efectos Fisiológicos:
o Aumento de la tasa cardíaca
o tensión muscular
o Dificultad para respirar
2. Efectos Cognitivos:
o Preocupaciones
o Dificultad para la toma de decisiones
o Sensación de confusión
3.Efectos Motores:
o Hablar rápido
o Temblores
o Tartamudeo
Esta comprobado científicamente que el estrés produce una disminución notable de las defensas en el organismo, por lo que una persona que adolece continuamente estrés esta expuesta a sufrir cualquier tipo de enfermedades ocasionadas por bacterias o virus, es vulnerable y se encuentra altamente contaminado.
Existen múltiples técnicas para prevenir y ayudar a remitir el estrés en su versión negativa. Muchas de ellas tienen que ver con aspectos más cognitivos, existiendo técnicas de pensamiento positivo, análisis de problemas y toma de decisiones, planificación y análisis de escenarios, etc. Otras se focalizan más en aspectos físicos, como es hacer ejercicios aeróbicos de forma regular, llevar una alimentación sana y dormir el tiempo necesario.
Otras técnicas combinan aspectos fisiológicos y psicológicos (incorporando en ocasiones el ámbito espiritual, que no significa necesariamente religioso), como son: técnicas de respiración, meditación, Tai Chi, Pilates, reequilibración corporal o risoterapia, entre otros.
Algunas recomendaciones generales serían:
• Localice el origen, no olvide que saber que es el estrés, reconocerlo y sobre todo, averiguar qué lo está desencadenando y cómo está afectando nuestro organismo, es el primer paso en su manejo y control.
• Cuide su alimentación. Tabaco, café y alcohol potencian el estrés, por lo que es necesario limitar su consumo. La dieta tiene que ser equilibrada, rica en verduras, fruta y fibra y baja en grasas y azucares. Coma despacio y de forma regular.
• Haga ejercicio. La actividad física de forma regular, mejora su bienestar general y ayuda aprevenir el estrés y las enfermedades que provoca.
• Aprenda a contar lo que le pasa. No guarde sus sentimientos: son una bomba de tiempo. Aquellos que transmiten sus emociones padecen menos trastornos.
• Practique el optimismo. Rechace los pensamientos negativos y sustitúyalos por pensamientos positivos. No es fácil de hacerlo, pero no es imposible.
• Aprender a respirar correctamente es la llave maestra de la relajación.
• La respuesta del organismo a la relajación es un efecto de recuperación casi inmediato y es una tregua para el cuerpo.
• La relajación mental elimina la tensión psíquica.
Por último, cabe acotar la importancia de trabajar sobre este tema, ya que el distrés es una de las causas más frecuentes de pérdida de salud, de empeoramiento de las relaciones interpersonales y de baja productividad.